20.6.11

Bienvenido



Bienvenido. Hoy escribo aquí luego de mucho; y vengo con este video que esta de "¡puta madre!" Han pasado tantas cosas, como el ver la pelicula del video y con semejante cancion! Es la cancion que me llena de energia cuando siento cosas extrañas, es la que representa esta transicion en mi vida. Bueno, si, aqui estoy listo para entrar nuevamente en el juego, listo para disparar a quemarropa, para volver a enamorarme por un solo dia; aqui estoy! y muevo al mismo ritmo que estas melodias; no hay quien calle esa voz tan dura que resuena tan bien en mi espiritu. Bienvenido! :)

*Y otro supertema adicional.

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16.2.10

René Descartes

Y puede decirse en particular de la admiración que es útil porque hace que aprendamos y retengamos en nuestra memoria las cosas antes ignoradas. Porque ingnoramos lo que nos parece raro y extraordinario. Tratado de las Pasiones

Se ha creído, sin razón, que nuestro calor natural y todos los movimientos de nuestros cuerpos dependen del alma, debiéndose pensar, en cambio, que el alma no se ausenta cuando uno muere, sino porque cesa este calor, y se corrompen los órganos que sirven para mover el cuerpo. Tratado de las Pasiones

Debemos creer que todo el calor y todos los movimientos que se den en nosotros, en cuanto no dependen del pensamiento, pertenecen al cuerpo. Tratado de las Pasiones

No hay ningún sujeto que actúe más inmediatamente sobre nuestra alma que el cuerpo al que está unida; y que, en consecuencia, debemos pensar que lo que es en ella una pasión es en el cuerpo una acción. Tratado de las Pasiones

(...)ya que sin duda se mira de más cerca lo que uno cree que va a ser visto por muchos que lo que se hace solo para sí mismo. Tratado de las Pasiones

Las más grandes almas son capaces de los más grandes vicios y las más grandes virtudes, y los que no marchan más que muy lentamente pueden avanzar mucho más, si siguen siempre el camino recto, que los que corren alejándose de él. Tratado de las Pasiones

 René Descartes

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Novalis

Ah!, júrame otra vez que serás mía eternamente; el amor es una repetición infinita. Enrique de Ofterdingen

Todo lo que soy lo soy por ti; sin ti yo no sería nada. ¿Qué es un espíritu sin cielo?, y tú eres el cielo que me sostiene y me da vida. Enrique de Ofterdingen

Yo llego a creer incluso -contestó el anciano- que existe una cierta vocación natural para cada tipo de vida. Enrique de Ofterdingen

Ella (la Noche) te lleva a ti (el Sol) como una madre y tú le debes a ella todo tu esplendor. Himnos de la Noche

En sus ojos descansaba la eternidad, cogí sus manos, y las lágrimas se hicieron un vínculo centelleante, indestructible. Himnos de la Noche

Noche oscura, ¿qué es lo que ocultas bajo tu manto, que, con fuerza invisible, toca mi alma? Himnos de la Noche

Descendamos al seno de la Tierra,
dejemos los imperios de la Luz;
el golpe y el furor de los dolores
son la alegre señal de la partida.
Veloces, en angosta embarcación,
a la orilla del Cielo llegaremos.

Loada sea la Noche eterna;
sea loado el Sueño sin fin.
El día, con su Sol, nos calentó,
una larga aflicción nos marchitó.
Dejó ya de atraernos lo lejano,
queremos ir a la casa del Padre.

¿Qué haremos, pues, en este mundo,
llenos de Amor y de fidelidad?
El hombre abandonó todo lo viejo;
ahora va a estar solo y afligido.
Quien amó con piedad el mundo pasado
no sabrá ya qué hacer en este mundo.

Los tiempos en que aún nuestros sentidos
ardían luminosos como llamas;
los tiempos en que el hombre conocía
el rostro y la mano de su padre;
en que algunos, sencillos y profundos,
conservaban la impronta de la Imagen.

Los tiempos en que aún, ricos en flores,
resplandecían antiguos linajes;
los tiempos en que niños, por el Cielo,
buscaban los tormentos y la muerte;
y aunque reinara también la alegría,
algún corazón se rompía de Amor.

Tiempos en que, en ardor de juventud,
el mismo Dios se revelaba al hombre
y consagraba con Amor y arrojo
su dulce vida a una temprana muerte,
sin rechazar angustias y dolores,
tan sólo por estar a nuestro lado.

Medrosos y nostálgicos los vemos,
velados por las sombras de la Noche;
jamás en este mundo temporal
se calmará la sed que nos abrasa.
Debemos regresar a nuestra patria,
allí encontraremos este bendito tiempo.

¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?
Los amados descansan hace tiempo.
En su tumba termina nuestra vida;
miedo y dolor invaden nuestra alma.
Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo.

De un modo misterioso e infinito,
un dulce escalofrío nos anega,
como si de profundas lejanías
llegara el eco de nuestra tristeza:
¿Será que los amados nos recuerdan
y nos mandan su aliento de añoranza?

Bajemos a encontrar la dulce Amada,
a Jesús, el Amado, descendamos.
No temáis ya: el crepúsculo florece
para todos los que aman, para los afligidos.
Un sueño rompe nuestras ataduras
y nos sumerge en el seno del Padre. Himnos de la Noche

Novalis

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Un ser en el mundo

Mis últimos solitarios versos serán estos,
el mundo quita el fuego de mi cuerpo,
mi aire pesa demasiado en este pecho
y estoy sordo como el fondo del mar.

Descubro mis labios pálidos avergozandos
tras el triste brillo del nítido espejo
y el sol, escondido cual justiciero divino,
espera, paciente, con el arco presto.

Y la Noche, cual Madre provista de esperanzas,
a lo lejos aguarda tenderme entre su eterno manto;
mis manos como veloces cometas rojas
y mis ojos dos livianas estrellas brillando para un ser.

Un ser en el mundo. Y el abismo desconocido me hala
hacia su centro, me pierde en sus laberintos sin principio;
me duele ver el amor hecho un torpe y falso gigante ciego
libre como será mi alma al terminar este abandonado verso.

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Ingratitud

Todo nuestro descontento por lo que nos falta, me parecía originarse de la falta de gratitud por lo que tenemos.

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25.11.09

Lascivia Furiosa

Cuerpo envestido de furia sensual
apodérate de mis sentidos
de mis deseos en forma de navaja,
no soy más que tu seguidor
quien comenta y cuenta tus pasos.

Furor puro sin límites eres tú;
dos dioses te pertenecen,
juega con ellos si deseas
pero no olvides que tienes mis latidos,
mis ofrendas, mis vidas.

Fíjate en mí, ángel carmesí
observa mis manos que esperan tu piel;
descubre mis labios, mas con los tuyos;

apodérate de este alma que te adora
sé el fuego en mi piel;
vísteme entero de ti.

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Luciérnaga de Otoño

Habrá algún ángel cantando mi poema?
No tiene que ser poeta
mas si tener los dedos largos.

Mujer!,
entonará en todos los ritmos;
oh, majestad, hoy prefiero el tono romántico!

Hombre-casa perdición
ángel-cielo bendición;
Poeta de mi alma!
cruza mares y desiertos

da luz a este pecho
ritmo suave y no desenfreno…
Oh!, y tú, andorina,
aún estás muy lejos?

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8.11.09

Monólogo

El viento trae consigo
unos fríos recuerdos:
tomaste mi corazón
y sus impulsos sagrados.

Tu boca albergaba la fuente del inicio;
sí, y el fin.

Vertiste en mí aquel trago
que aún ahora puede embriagarme
en el júbilo
o en la puerta del hospicio:
amor.

Qué retumben las últimas campanadas!

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Las coincidiencias

En general, las coincidencias son grandes piedras puestas en el camino para que tropiecen con ella esa clase de pensadores que han sido educados para no saber nada de la teoría de las dos probabilidades, esa teoría a la cual las más gloriosas conquistas de la investigación humana están en deuda.

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Dónde encontrar la verdad?

La verdad no está siempre en el fondo de un pozo. En realidad, yo pienso que, en cuanto a lo que más importa conocer, es invariablemente superficial. La profundidad se encuentra en los valles donde la buscamos, pero no en las cumbres de las montañas, que es donde la vemos. Las variedades y orígenes de esta especie de error tienen un magnífico ejemplo en la contemplación de los cuerpos celestes. Dirigir a una estrella una rápida ojeada, examinarla oblicuamente, volviendo hacia ella las partes exteriores de la retina (que son más sensibles a las débiles impresiones de la luz que las anteriores), es contemplar la estrella distintamente, obtener la más exacta apreciación de su brillo, brillo que se oscurece a medida que volvemos nuestra visión de lleno hacía ella.

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Falsificar divinidades

La oscura divinidad no siempre podía estar con nosotros, pero podíamos falsificar su presencia.

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