Esta facultad de resolución está, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantísima rama de ellos que, impropiamente y sólo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada par excellence análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el carácter mental, no está lo suficientemente comprendido. Yo no voy ahora a escribir un tratado, sino que prologo únicamente un relato muy singular, con observaciones efectuadas a la ligera. Aprovecharé, por tanto, esta ocasión para asegurar que las facultades más importantes de la inteligencia reflexiva trabajan con mayor decisión y provecho en el sencillo juego de damas que en toda esa frivolidad primorosa del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen distintos y bizarros movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan sólo es complicado, se toma equivocadamente —error muy común— por profundo. La atención, aquí, es poderosamente puesta en juego. Si flaquea un solo instante, se comete un descuido, cuyos resultados implican pérdida o derrota. Como quiera que los movimientos posibles no son solamente variados, sino complicados, las posibilidades de estos descuidos se multiplican; de cada diez casos, nueve triunfa el jugador más capaz de concentración y no el más perspicaz. En el juego de damas, por el contrario, donde los movimientos son únicos y de muy poca variación, las posibilidades de descuido son menores, y como la atención queda relativamente distraída, las ventajas que consigue cada una de las partes se logran por una perspicacia superior. Para ser menos abstractos supongamos, por ejemplo, un juego de damas cuyas piezas se han reducido a cuatro reinas y donde no es posible el descuido. Evidentemente, en este caso la victoria —hallándose los jugadores en igualdad de condiciones— puede decidirse en virtud de un movimiento recherche resultante de un determinado esfuerzo de la inteligencia. Privado de los recursos ordinarios, el analista consigue penetrar en el espíritu de su contrario; por tanto, se identifica con él, y a menudo descubre de una ojeada el único medio —a veces, en realidad, absurdamente sencillo— que puede inducirle a error o llevarlo a un cálculo equivocado.
8 de noviembre de 2009
Edgar Allan Poe
Esta facultad de resolución está, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantísima rama de ellos que, impropiamente y sólo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada par excellence análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el carácter mental, no está lo suficientemente comprendido. Yo no voy ahora a escribir un tratado, sino que prologo únicamente un relato muy singular, con observaciones efectuadas a la ligera. Aprovecharé, por tanto, esta ocasión para asegurar que las facultades más importantes de la inteligencia reflexiva trabajan con mayor decisión y provecho en el sencillo juego de damas que en toda esa frivolidad primorosa del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen distintos y bizarros movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan sólo es complicado, se toma equivocadamente —error muy común— por profundo. La atención, aquí, es poderosamente puesta en juego. Si flaquea un solo instante, se comete un descuido, cuyos resultados implican pérdida o derrota. Como quiera que los movimientos posibles no son solamente variados, sino complicados, las posibilidades de estos descuidos se multiplican; de cada diez casos, nueve triunfa el jugador más capaz de concentración y no el más perspicaz. En el juego de damas, por el contrario, donde los movimientos son únicos y de muy poca variación, las posibilidades de descuido son menores, y como la atención queda relativamente distraída, las ventajas que consigue cada una de las partes se logran por una perspicacia superior. Para ser menos abstractos supongamos, por ejemplo, un juego de damas cuyas piezas se han reducido a cuatro reinas y donde no es posible el descuido. Evidentemente, en este caso la victoria —hallándose los jugadores en igualdad de condiciones— puede decidirse en virtud de un movimiento recherche resultante de un determinado esfuerzo de la inteligencia. Privado de los recursos ordinarios, el analista consigue penetrar en el espíritu de su contrario; por tanto, se identifica con él, y a menudo descubre de una ojeada el único medio —a veces, en realidad, absurdamente sencillo— que puede inducirle a error o llevarlo a un cálculo equivocado.
2 de noviembre de 2009
Ocupación
1 de noviembre de 2009
No poderse vengar contra no querer vengarse
- Y qué más?
- Aquí la mentira llama bondad a la impotencia, humildad a la bajeza, obediencia a la sumisión forzosa (ellos dicen que obedecen a Dios). La cobardía que está siempre a la puerta del débil, toma aquí un nombre muy sonoro, y se llama "paciencia". "No poderse vengar" se llama "no querer vengarse"; es porque ellos no saben lo que hacen; nosotros solo sabemos lo que ellos hacen". Hablan de amor de sus enemigos y están sudando quilo.
- Y qué más?
- Son unos desgraciados, sin duda, todos estos rezadores, monederos falsos. Pretenden que Dios los distinga y eliga en virtud de su miseria; no se castiga a los perros, a quienes más se quiere? Quizás esta miseria es una preparacion, un tiempo de prueba, una enseñanza, quizás un beneficio, algo que será compensando con un ciento por ciento de "fecidad eterna".
- Y qué más?
- Ahora dicen que no solo son ellos mejores que los poderosos y que los gobernantes, cuyas huellas besan (no por temor, no, sino porque Dios manda honrar toda autoridad); no solo son mejores, sino que su lote de eternidad será mucho mejor (...)
Los débiles
Gusano Mezquino
Existido por primera y última vez
El Hombre
10 de mayo de 2009
J. W. Goethe
Trato a este pobre corazón como a un niño enfermo; le concedo cuanto me pide. Werther
Si me preguntas como es la gente de este país, te diré: “como la de
todas partes.” La raza humana es harto uniforme. La inmensa mayoría
emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad
que les queda les asusta tanto, que hacen como pueden por perderla. Oh,
destino del hombre!
Werther
Mucho puede decirse a favor de las reglas; casi lo mismo que en alabanza
de la sociedad civil. Un hombre formado según las reglas, jamás
producirá nada absurdo y absolutamente malo, así como el que obra con
sujeción a las leyes y a la urbanidad nunca puede ser un vecino
insoportable ni un gran malvado. Sin embargo, y dígase lo que se quiera,
toda regla asfixia los verdaderos sentimiento y destruye la verdadera
expresión de la naturaleza. Werther
- Eso es distinto –respondió Alberto-; el que sigue los impulsos de
una pasión pierde la facultad de reflexionar, y se le mira como un ebrio
o un demente.
- Oh, hombres de juicio! –exclamé sonriéndome-.
Pasión! Embriaguez! Demencia! Todo esto es letra muerta para vosotros,
impasibles moralistas! Condenan al borracho y detestan al loco con la
frialdad del sacerdote que sacrifica, y dan gracias a dios, como el
fariseo, porque no son locos ni borrachos. Más de una vez he estado
ebrio; más de una vez me han puesto mis pasiones al borde de la locura, y
no lo siento; porque he aprendido que siempre se ha dado el nombre de
beodo o insensato a todos los hombres extraordinarios que han hecho algo
grande, algo que parecía imposible. Hasta en la vida privada es
insoportable el ver que de quien piensa dar cima a cualquier acción
noble, generosa, inesperada, se dice con frecuencia: “Está borracho!
Está loco!” Vergüenza para vosotros, los sobrios; vergüenza para
vosotros, los sabios! Werther
Quiso apartar su mano, y yo la retuve con más brío:
- Volveremos a vernos! –exclamé-. Volveremos a encontrarnos! Sea la que sea nuestra forma, nos reconoceremos. Werther
Sí, yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo. Y tú? Eres algo más? Werther
Oh, Padre, que no conozco! Padre, que otras veces has llenado toda mi
alma y que ahora te apartas de mí; llámame pronto a tu lado. No guardes
silencio más tiempo, porque tu silencio no detendrá a mi alma
impaciente. Y si entre los hombres no podría enojarse un padre porque su
hijo volviese a su lado antes de la hora marcada, y si se arrojase en
sus brazos exclamando: “Heme aquí de regreso, padre mío; no te incomodes
porque haya interrumpido el viaje que me habías mandando terminar; el
mundo es igual por todas partes: tras el dolor y el trabajo, la
recompensa y el placer… Pero a mí, qué me importa? Yo no estaré bien más
que donde tú estés; en tu presencia es donde yo quiero gozar y
padecer…” Tú, padre celestial y misericordioso, podrás rechazarme? Werther
Las pasiones son defectos o virtudes, pero realzadas. Nuestras pasiones
son verdaderos fénices. Al consumirse el viejo en el fuego, surge ya de
la ceniza el nuevo. Las Afinidades Electivas
El comprensivo encuentra casi todo ridículo; el sensato, casi nada. Las Afinidades Electivas
Comunicar con otros es naturaleza; recibir lo comunicado, tal como es dado, es cultura. Las Afinidades Electivas
Si encontramos a alguien que nos debe agradecimiento, en seguida lo
recordamos. ¡Cuántas veces podemos encontrar a alguien a quien debemos
agradecimiento sin pensar en ello! Las Afinidades Electivas
J. W. Goethe
5 de abril de 2009
La Fuerza
- Es cierto –me decía- que no se obtiene nada sin la fuerza. Pero, de qué fuerza se trata? Y qué es lo que se obtiene con ella? La fuerza que admiro es la del renunciamiento.
- Entonces –exclamé-, lo que te deslumbra es la gloria del fracaso.
- Tan desesperadamente como al pollito le deslumbra el fracaso de su cáscara. La cáscara es bastante real, y sin embargo la abandona por el aire y la luz intangible. Triste cambio, a tus ojos.
La Casa y El Mundo
Los Débiles
Corazón Que Ve
Mujeres
La Casa y El Mundo
20 de marzo de 2009
Hermann Hesse
El Lobo Estepario
“La mayor parte de los hombres no quiere nada antes de saber”. No es esto espiritual? No quieren nada, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará. El Lobo Estepario
Cualquiera puede ejercer la magia y alcanzar sus objetivos si sabe pensar, esperar y ayunar.
Siddhartha
- Pero de qué piensas vivir, si nada tienes?
- Hasta ahora no había pensado en ello, señor. Hace más de tres años que carezco de todo, y nunca he pensado de qué podría vivir.
- Has vivido, entonces, de los bienes de otros.
- Supongo que sí. Pero también el mercader vive del bien ajeno.
- Bien dicho. Pero no despoja a los demás gratuitamente: a cambio les da sus mercancías.
Siddhartha
Bueno es escribir; pensar es mejor. Bueno es la inteligencia; la paciencia es mejor.
Siddhartha
El barquero se balanceó, sonriendo:
- Es muy bello, señor, exactamente como dices. Pero acaso no es hermosa toda vida? No tiene cada trabajo su propio encanto?
Siddhartha
No era acaso el tiempo la sustancia de todo sufrimiento? No era el tiempo mismo la causa de todo temor y de toda tortura? No se suprimiría acaso todo el mal, toda la hostilidad del mundo en cuanto el tiempo fuera superado, en cuanto se aboliera la idea del tiempo?
Siddhartha
- También a ti te enseñó el río aquel secreto: el tiempo no existe?
Una clara sonrisa iluminó el rostro de Vasudeva.
- Sí, Siddhartha –repuso-. Te estarás refiriendo sin duda a lo siguiente: que el río está a la vez en todas partes, en su origen y en su desembocadura, en la cascada, alrededor de la barca, en los rápidos, en el mar, en la montaña, en todas partes simultáneamente, y que para él no existe más que el presente, sin la menor sombra de pasado o de futuro.
- Así es –dijo Siddhartha-. Y cuando me lo enseñó me puso a contemplar mi vida y advertí que ella era también un río y que nada real, sino tan solo sombras, separan al Siddhartha niño del Siddhartha hombre y del Siddhartha anciano. Las encarnaciones anteriores de Siddhartha tampoco eran un pasado, como su muerte y su retorno a Brahma no sería ningún futuro. Nada ha sido ni será; todo es, todo tiene una esencia y un presente.
Siddhartha
Siddhartha
- Qué podría decirte, oh venerable? –replicó Siddhartha-. Quizá que buscas demasiado y que a fuerza de buscar ya no encuentras?
- Cómo así? –preguntó Govinda.
- Cuando alguien busca –dijo Siddhartha-, suele ocurrir que sus ojos solo ven aquello que anda buscando, ya ya no logra encontrar nada y ni se vuelve receptivo a nada porque solo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos. Tú, honorable, quizá seas de verdad un buscador, pues al perseguir tu objetivo no ves muchas cosas que tienes a la vista.
Siddhartha
La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otros suena a locura.
Siddhartha
Hermann Hesse
18 de junio de 2007
Friedrich Nietzsche
" Cada ser tiene en su género el mismo grado de perfección. Pero al sustentar esta teoría vamos mucho más lejos: el hombres es, relativamente, el más fracasado de los animales, el más enfermizó, el que se desvía más peligrosamente de sus instintos. ¡ Verdad es que con todo eso resulta el más curioso de los animales! " . Friedrich Nietzsche, El Anticristo.