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8 de noviembre de 2009

Edgar Allan Poe

Las coincidiencias
En general, las coincidencias son grandes piedras puestas en el camino para que tropiecen con ella esa clase de pensadores que han sido educados para no saber nada de la teoría de las dos probabilidades, esa teoría a la cual las más gloriosas conquistas de la investigación humana están en deuda.


Dónde encontrar la verdad?
La verdad no está siempre en el fondo de un pozo. En realidad, yo pienso que, en cuanto a lo que más importa conocer, es invariablemente superficial. La profundidad se encuentra en los valles donde la buscamos, pero no en las cumbres de las montañas, que es donde la vemos. Las variedades y orígenes de esta especie de error tienen un magnífico ejemplo en la contemplación de los cuerpos celestes. Dirigir a una estrella una rápida ojeada, examinarla oblicuamente, volviendo hacia ella las partes exteriores de la retina (que son más sensibles a las débiles impresiones de la luz que las anteriores), es contemplar la estrella distintamente, obtener la más exacta apreciación de su brillo, brillo que se oscurece a medida que volvemos nuestra visión de lleno hacía ella.

Falsificar divinidades
La oscura divinidad no siempre podía estar con nosotros, pero podíamos falsificar su presencia.

Análisis vs Ingenio
El poder analítico no debe confundirse con el simple ingenio, porque mientras el analista es necesariamente ingenioso, el hombre ingenioso está con frecuencia notablemente incapacitado para el análisis. La facultad constructiva o de combinación con que por lo general se manifiesta el ingenio, y a la que los frenólogos, equivocadamente, a mi parecer, asignan un órgano aparte, suponiendo que se trata de una facultad primordial, se ha visto tan a menudo en individuos cuya inteligencia bordeaba, por otra parte, la idiotez, que ha atraído la atención general de los escritores de temas morales. Entre el ingenio y la aptitud analítica hay una diferencia mucho mayor, en efecto, que entre la fantasía y la imaginación, aunque de un carácter rigurosamente análogo. En realidad, se observará fácilmente que el hombre ingenioso es siempre fantástico, mientras que el verdadero imaginativo nunca deja de ser analítico.

El ánalisis
Las condiciones mentales que suelen considerarse como analíticas son, en sí mismas, poco susceptibles de análisis. Las consideramos tan sólo por sus efectos. De ellas sabemos, entre otras cosas, que son siempre, para el que las posee, cuando se poseen en grado extraordinario, una fuente de vivísimos goces. Del mismo modo que el hombre fuerte disfruta con su habilidad física, deleitándose en ciertos ejercicios que ponen sus músculos en acción, el analista goza con esa actividad intelectual que se ejerce en el hecho de desentrañar. Consigue satisfacción hasta de las más triviales ocupaciones que ponen en juego su talento. Se desvive por los enigmas, acertijos y jeroglíficos, y en cada una de las soluciones muestra un sentido de agudeza que parece al vulgo una penetración sobrenatural. Los resultados, obtenidos por un solo espíritu y la esencia del método, adquieren realmente la apariencia total de una intuición.

Esta facultad de resolución está, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantísima rama de ellos que, impropiamente y sólo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada par excellence análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el carácter mental, no está lo suficientemente comprendido. Yo no voy ahora a escribir un tratado, sino que prologo únicamente un relato muy singular, con observaciones efectuadas a la ligera. Aprovecharé, por tanto, esta ocasión para asegurar que las facultades más importantes de la inteligencia reflexiva trabajan con mayor decisión y provecho en el sencillo juego de damas que en toda esa frivolidad primorosa del ajedrez. En este último, donde las piezas tienen distintos y bizarros movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan sólo es complicado, se toma equivocadamente —error muy común— por profundo. La atención, aquí, es poderosamente puesta en juego. Si flaquea un solo instante, se comete un descuido, cuyos resultados implican pérdida o derrota. Como quiera que los movimientos posibles no son solamente variados, sino complicados, las posibilidades de estos descuidos se multiplican; de cada diez casos, nueve triunfa el jugador más capaz de concentración y no el más perspicaz. En el juego de damas, por el contrario, donde los movimientos son únicos y de muy poca variación, las posibilidades de descuido son menores, y como la atención queda relativamente distraída, las ventajas que consigue cada una de las partes se logran por una perspicacia superior. Para ser menos abstractos supongamos, por ejemplo, un juego de damas cuyas piezas se han reducido a cuatro reinas y donde no es posible el descuido. Evidentemente, en este caso la victoria —hallándose los jugadores en igualdad de condiciones— puede decidirse en virtud de un movimiento recherche resultante de un determinado esfuerzo de la inteligencia. Privado de los recursos ordinarios, el analista consigue penetrar en el espíritu de su contrario; por tanto, se identifica con él, y a menudo descubre de una ojeada el único medio —a veces, en realidad, absurdamente sencillo— que puede inducirle a error o llevarlo a un cálculo equivocado.
 Edgar Allan Poe

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2 de noviembre de 2009

Ocupación

Siguen cayendo otras cartas, las manos van y vienen. Qué ocupación absurda: no parece un juego, ni un rito, ni una costumbre. Creo que lo hacen para llenar el tiempo simplemente. Pero el tiempo es demasiado ancho, no se deja llenar. Todo lo que uno sumerje en él se ablanda y se estira.

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1 de noviembre de 2009

No poderse vengar contra no querer vengarse

- (...) Aquí debe ser donde la mentira transforma la flaqueza en mérito; no hay duda, es como has dicho.
- Y qué más?
- Aquí la mentira llama bondad a la impotencia, humildad a la bajeza, obediencia a la sumisión forzosa (ellos dicen que obedecen a Dios). La cobardía que está siempre a la puerta del débil, toma aquí un nombre muy sonoro, y se llama "paciencia". "No poderse vengar" se llama "no querer vengarse"; es porque ellos no saben lo que hacen; nosotros solo sabemos lo que ellos hacen". Hablan de amor de sus enemigos y están sudando quilo.
- Y qué más?
- Son unos desgraciados, sin duda, todos estos rezadores, monederos falsos. Pretenden que Dios los distinga y eliga en virtud de su miseria; no se castiga a los perros, a quienes más se quiere? Quizás esta miseria es una preparacion, un tiempo de prueba, una enseñanza, quizás un beneficio, algo que será compensando con un ciento por ciento de "fecidad eterna".
- Y qué más?
- Ahora dicen que no solo son ellos mejores que los poderosos y que los gobernantes, cuyas huellas besan (no por temor, no, sino porque Dios manda honrar toda autoridad); no solo son mejores, sino que su lote de eternidad será mucho mejor (...)

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Los débiles

Cuando los oprimidos, los aplastados, los siervos, llenos de venganza y de impotencia, se ponen a decir: "Seamos lo contrario de los malos, seamos buenos. Es bueno el que ni injuria a nadie, ni ofende, ni ataca ni utiliza represalias, sino que deja a Dios el cuidado de la venganza y vive oculto como nosotros, y evita la tentacion y espera poco de la vida, como nosotros los pacientes, los humildes y justos." Esta amarga prudencia, que hasta el insecto posee (el cual, en caso de gran peligro, se hace el muerto), tomó el ponposo título de virtud, como si la debilidad de l débil -es decir, su escencia, su actividad, toda su realidad única, inevitable e indeleble- fuese un acto libre, voluntario, meritorio. Esta clase de hombre necesita creer en un sujeto neutro dotado de libre albedrío, es un instinto de conservación personal, de afirmación de sí mismo, porque toda mentira tiende a justificarse. El sujeto (el alma) fue hasta aquí el artículo de fe más inquebrantable, porque permitía a lagran mayoría de mortales, a los débiles y oprimidos esta sublime ilusión de tener la flaqueza por libertad, la necesidad por mérito.

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Gusano Mezquino

Lo que ahora nos inspira miedo es la multiplicación asombrosa del hombre, del gusano mezuqino y débil que pretende ser el "hombre superior"; en medio de la enorme neurastenia, cansancio y senilidad de Europa, todavía se tiene el hombre por un ser robusto y lleno de vida".

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Existido por primera y última vez

Miraba por la ventanilla, mientras el tren corría hacia Buenos Aires. Pasamos cerca de un rancho; una mujer debajo del alero, miró el tren. Se me ocurrió un pensamiento estúpido: "A esta mujer la veo por primera y última vez. No la volveré a ver en mi vida." Mi pensamiento flotaba como un corcho en un río desconocido. Siguió por un momento flotando cerca de esa mujer bajo el alero. Qué me importaba esa mujer? Pero no podía dejar de pensar que había existido un instante para mí y que nunca más volvería a existir; desde mi punto de vista era como si ya se hubiera muerto: un pequeño retraso del tren, un llamado desde el interior del racho, y esa mujer no hubiera existido nunca en mi vida.

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El Hombre

He visto en los últimos años emigrados que llegaban con la humildad de quien a escapado a los campos de concentración, aceptar cualquier cosa para vivir y alegremente desempeñar los trabajos más humillantes, pero es bastante extraño que a un hombre no les baste con haber escapado a la torturea y a la muerte para vivir contento: en cuanto empieza a adquirir nueva seguridad, el orgullo, la vanidad y la soberbia, que al parecer habían sido aniquilados para siempre, comienzan a reaparecer, como animales que hubieran huído asustando; y en cierto modo a reaparecer con mayor petulancia, como avergonzados de haber caído hasta ese punto.

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10 de mayo de 2009

J. W. Goethe

Trato a este pobre corazón como a un niño enfermo; le concedo cuanto me pide. Werther
 

Si me preguntas como es la gente de este país, te diré: “como la de todas partes.” La raza humana es harto uniforme. La inmensa mayoría emplea casi todo su tiempo en trabajar para vivir, y la poca libertad que les queda les asusta tanto, que hacen como pueden por perderla. Oh, destino del hombre!
Werther
Mucho puede decirse a favor de las reglas; casi lo mismo que en alabanza de la sociedad civil. Un hombre formado según las reglas, jamás producirá nada absurdo y absolutamente malo, así como el que obra con sujeción a las leyes y a la urbanidad nunca puede ser un vecino insoportable ni un gran malvado. Sin embargo, y dígase lo que se quiera, toda regla asfixia los verdaderos sentimiento y destruye la verdadera expresión de la naturaleza. Werther

- Eso es distinto –respondió Alberto-; el que sigue los impulsos de una pasión pierde la facultad de reflexionar, y se le mira como un ebrio o un demente.
- Oh, hombres de juicio! –exclamé sonriéndome-. Pasión! Embriaguez! Demencia! Todo esto es letra muerta para vosotros, impasibles moralistas! Condenan al borracho y detestan al loco con la frialdad del sacerdote que sacrifica, y dan gracias a dios, como el fariseo, porque no son locos ni borrachos. Más de una vez he estado ebrio; más de una vez me han puesto mis pasiones al borde de la locura, y no lo siento; porque he aprendido que siempre se ha dado el nombre de beodo o insensato a todos los hombres extraordinarios que han hecho algo grande, algo que parecía imposible. Hasta en la vida privada es insoportable el ver que de quien piensa dar cima a cualquier acción noble, generosa, inesperada, se dice con frecuencia: “Está borracho! Está loco!” Vergüenza para vosotros, los sobrios; vergüenza para vosotros, los sabios! Werther

Quiso apartar su mano, y yo la retuve con más brío:
- Volveremos a vernos! –exclamé-. Volveremos a encontrarnos! Sea la que sea nuestra forma, nos reconoceremos. Werther


Sí, yo no soy otra cosa que un viajero, un peregrino en el mundo. Y tú? Eres algo más? Werther

Oh, Padre, que no conozco! Padre, que otras veces has llenado toda mi alma y que ahora te apartas de mí; llámame pronto a tu lado. No guardes silencio más tiempo, porque tu silencio no detendrá a mi alma impaciente. Y si entre los hombres no podría enojarse un padre porque su hijo volviese a su lado antes de la hora marcada, y si se arrojase en sus brazos exclamando: “Heme aquí de regreso, padre mío; no te incomodes porque haya interrumpido el viaje que me habías mandando terminar; el mundo es igual por todas partes: tras el dolor y el trabajo, la recompensa y el placer… Pero a mí, qué me importa? Yo no estaré bien más que donde tú estés; en tu presencia es donde yo quiero gozar y padecer…” Tú, padre celestial y misericordioso, podrás rechazarme? Werther

Las pasiones son defectos o virtudes, pero realzadas. Nuestras pasiones son verdaderos fénices. Al consumirse el viejo en el fuego, surge ya de la ceniza el nuevo. Las Afinidades Electivas

El comprensivo encuentra casi todo ridículo; el sensato, casi nada. Las Afinidades Electivas

Comunicar con otros es naturaleza; recibir lo comunicado, tal como es dado, es cultura. Las Afinidades Electivas

Si encontramos a alguien que nos debe agradecimiento, en seguida lo recordamos. ¡Cuántas veces podemos encontrar a alguien a quien debemos agradecimiento sin pensar en ello!  Las Afinidades Electivas

J. W. Goethe

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5 de abril de 2009

La Fuerza


- Es cierto –me decía- que no se obtiene nada sin la fuerza. Pero, de qué fuerza se trata? Y qué es lo que se obtiene con ella? La fuerza que admiro es la del renunciamiento.
- Entonces –exclamé-, lo que te deslumbra es la gloria del fracaso.
- Tan desesperadamente como al pollito le deslumbra el fracaso de su cáscara. La cáscara es bastante real, y sin embargo la abandona por el aire y la luz intangible. Triste cambio, a tus ojos.
La Casa y El Mundo

Rabindranath Tagore

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Los Débiles



Los débiles no tienen el valor de ser justos, y tratan de obtener resultados rápidos por las vías abreviadas de la injusticia. Le gustan en los hombres las cualidades violentas, irritables, injustas. No pueden sentir respeto sino por lo que inspira miedo.
La Casa y El Mundo
Rabindranath Tagore

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Corazón Que Ve



Mi corazón no es más que un ojo que lo ve todo. Las cosas que no hay que ver y las que no quiero ver, las veo todas.
La Casa y El Mundo
Rabindranath Tagore

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Mujeres



Yo me decía que su palabra se había encendido en mis miradas. Porque las mujeres no somos solamente las guardianes del fuego del hogar, somos además la llama del alma.
La Casa y El Mundo
Rabindranath Tagore

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20 de marzo de 2009

Hermann Hesse


Pero, aunque yo sea un viejo y pobre lobo estepario, no dejo de ser al mismo tiempo hijo de una madre.
El Lobo Estepario

“La mayor parte de los hombres no quiere nada antes de saber”. No es esto espiritual? No quieren nada, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará. El Lobo Estepario

Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de vida, de tal suerte, que tiene que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia. Es claro que no todos perciben esto con la misma intensidad. El Lobo Estepario
Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gustaría sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado dolor que esta confortable temperatura de estufa. El Lobo Estepario

Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gustaría sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado dolor que esta confortable temperatura de estufa. El Lobo Estepario

Cualquiera puede ejercer la magia y alcanzar sus objetivos si sabe pensar, esperar y ayunar.
Siddhartha

- Pero de qué piensas vivir, si nada tienes?
- Hasta ahora no había pensado en ello, señor. Hace más de tres años que carezco de todo, y nunca he pensado de qué podría vivir.
- Has vivido, entonces, de los bienes de otros.
- Supongo que sí. Pero también el mercader vive del bien ajeno.
- Bien dicho. Pero no despoja a los demás gratuitamente: a cambio les da sus mercancías.
Siddhartha

Bueno es escribir; pensar es mejor. Bueno es la inteligencia; la paciencia es mejor.
Siddhartha
 
- Has elegido una hermosa vida –dijo el viajero-. Ha de ser algo muy hermoso vivir junto a este río y recorrerlo.
El barquero se balanceó, sonriendo:
- Es muy bello, señor, exactamente como dices. Pero acaso no es hermosa toda vida? No tiene cada trabajo su propio encanto?
Siddhartha

No era acaso el tiempo la sustancia de todo sufrimiento? No era el tiempo mismo la causa de todo temor y de toda tortura? No se suprimiría acaso todo el mal, toda la hostilidad del mundo en cuanto el tiempo fuera superado, en cuanto se aboliera la idea del tiempo?
Siddhartha

- También a ti te enseñó el río aquel secreto: el tiempo no existe?
Una clara sonrisa iluminó el rostro de Vasudeva.
- Sí, Siddhartha –repuso-. Te estarás refiriendo sin duda a lo siguiente: que el río está a la vez en todas partes, en su origen y en su desembocadura, en la cascada, alrededor de la barca, en los rápidos, en el mar, en la montaña, en todas partes simultáneamente, y que para él no existe más que el presente, sin la menor sombra de pasado o de futuro.
- Así es –dijo Siddhartha-. Y cuando me lo enseñó me puso a contemplar mi vida y advertí que ella era también un río y que nada real, sino tan solo sombras, separan al Siddhartha niño del Siddhartha hombre y del Siddhartha anciano. Las encarnaciones anteriores de Siddhartha tampoco eran un pasado, como su muerte y su retorno a Brahma no sería ningún futuro. Nada ha sido ni será; todo es, todo tiene una esencia y un presente.
Siddhartha
 
- Lo sabía. No le obligas, ni le pegas, ni le das órdenes porque sabes que lo blando es más fuerte que lo duro, que el agua es más poderosa que la roca y el amor puede más que la violencia. Perfecto, lo encuentro muy loable. Pero no será un error tuyo creer que le estás obligando ni castigando? No será tu cariño un lazo con el cual lo tienes maniatado? No le avergüenzas día y noche y le haces la vida más difícil con toda tu bondad y tu paciencia? No estás obligando a este niño mimado y orgulloso a compartir una cabaña con dos viejos que se alimentan de plátanos, para quienes un plato de arroz es ya una golosina, cuyas ideas no pueden ser las de él, cuyo corazón, viejo y tranquilo, marcha muy distinto al suyo? No crees que todo esto es para él una obligación y un castigo?
Siddhartha
 - Qué podría decirte, oh venerable? –replicó Siddhartha-. Quizá que buscas demasiado y que a fuerza de buscar ya no encuentras?
- Cómo así? –preguntó Govinda.
- Cuando alguien busca –dijo Siddhartha-, suele ocurrir que sus ojos solo ven aquello que anda buscando, ya ya no logra encontrar nada y ni se vuelve receptivo a nada porque solo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos. Tú, honorable, quizá seas de verdad un buscador, pues al perseguir tu objetivo no ves muchas cosas que tienes a la vista.
Siddhartha
 La sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otros suena a locura.
Siddhartha

Hermann Hesse

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18 de junio de 2007

Friedrich Nietzsche

" Cada ser tiene en su género el mismo grado de perfección. Pero al sustentar esta teoría vamos mucho más lejos: el hombres es, relativamente, el más fracasado de los animales, el más enfermizó, el que se desvía más peligrosamente de sus instintos. ¡ Verdad es que con todo eso resulta el más curioso de los animales! " . Friedrich Nietzsche, El Anticristo.

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